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Cómo escribirle cartas al viento

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Se nos ha olvidado cómo escribirle al viento cartas.  Se disuelven con el agua y están perdiendo densidad.  En el aire se agolpan las corrientes de grandeza que desprendíamos de niños por cualquier cosa, un gusano, una concha, tu sonrisa... Si, esa era la que daba más risa, por sencilla y de verdad.   No creo en los arrepentimientos aunque viva constantemente de segundas oportunidades. Porque justo antes de hacer algo, sea lo que sea, hay un segundo en el que se es totalmente consciente de cómo y por qué escogemos ese camino. 
Por eso es que a mi se me están olvidando tus matices. Decidido o provocado con tu presencia intangible, como casi siempre ocurre en las primeras veces.  Claro que lo sabía, pero eso ya lo hablamos. 
Porque siempre, esas primeras veces, vamos deprisa, sin medida, hasta el corazón y llevamos en vendavales el sentimiento que se queda sin oxígeno a pesar de estar en medio de un tifón. No es de extrañar que te vaya difuminando entre el día a día y mis horas muertas, que s…

VEN Y PROCURA

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Ven y procura echarme las garras que yo te quitare las ganas 
de ser prodigio de tu sangre cristiana o musulmana, 

A mi que más me importa el dios que te mueva o las ramas que te arañen. 
Para hacer lo que haces te veo más humano que divino, te veo más sucio que bendecido. 
Por tu piel y por la mía cambia la tinta que nos ha hecho los tatuajes, se altera el viento que la ha cortado en invierno 
y sofocado en verano. 

Por tus labios y por los míos, misma forma y color, pero tu salivas odio y yo pronuncio amor.
By: Kiissy

De punta a punta aquí sentada

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Aquí sentada pierdo la paciencia queriendo dibujar con mis dedos unas letras que me indiquen el camino, que cierren la maleta. 
Y es que aunque esté a reventar algunos sueños le quedan por guardar. Sin embargo aquí estoy, malgastando espacio y derrochando los latidos en tinta negra de 2,50. 
Estudiando un futuro que es práctico y pragmático, me repito.  A lo que me refiero es al infierno de tener el mundo en tus manos y guardarlo para luego, porque hay obligaciones que ni siquiera me dan dinero pero si no las cumplo me quitan el tiempo, me quitan oro.
Les recrimino a las estrellas que hace mucho que no se mueven para mi y así es, ellas me recuerdan  todas las veces que mentí, que naufragué y  entre sus vértices de punta a punta el infinito exploré.

La vista o el alma

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Esta noche te quiero hablar suave, bajito, despacio.  Llenar un frasquito de luces que resulten ser sueños.  Dejártelo bajo la almohada, cada noche, para que puedas escogerlos a ellos y  burlar las pesadillas atrapadas en tu pecho. Te quiero hablar con mucha paciencia, calma y comprensión. Te quiero escuchar, entender y respetar Te quiero dar un abrazo si lo necesitas y un consejo si me lo permites. Cómo lámparas post mortuorias, que no sabes si alumbran la vista o el alma.
By: Kiissy

La cuerda, la verja

Por cielo, tierra y mar, me atormentas, me persigues y un nudo tras otro ensangrientas mis manos con tu cuerda. Es que pesa. Por contrapeso y aligerar vienen las arcadas.  Podrían estar llenas de oro y plata, tener diademas y tiaras de rubíes pero no hay ni hojalata.

Y todo por no acabar tus suspiros de carcajadas en llantos, porque después de la tormenta llega la calma, porque el oro se funde pero tú te quemas. Tus dientes, tu cuello y la cuerda.

El odio toma forma y surca los cielos recorre las tierras y zarpa aunque no sea mar abierto, aunque no sea ante mi mirada.


¿De qué tienes miedo?

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Cuando me doy tiempo para mi, ya sea meditando, o con un buen baño, me viene la imagen de una dama blanca, rodeada de luz, sin rostro ni nombre. Es una mujer porque su voz me recuerda a la de mi madre. Siempre me pregunta: ¿De qué tienes miedo?
Yo me conmuevo y a veces me echo a llorar, otras suspiro de alivio y siento que parte de mis problemas descansan, unos instantes, sobre los hombros de esa mujer y yo soy libre. ¿Libre de qué? me pregunto yo. No lo sé, no sé de que me libero, si lo supiese, lo erradicaría de mi vida para no volver a tener miedo. 
En el fondo todos vamos con miedo casi a diario y no sabemos por qué motivo. Esperamos en la parada del bus protegiendo nuestras espaldas apoyándonos en la pared y con los brazos cruzados cubriendo el pecho. Con chepa y los hombros encogidos, tensos. Nos escondemos mirando el móvil, con miradas furtivas y de reojo a todo lo que está a nuestro alrededor... Y cuando subimos al bus seguimos igual, al bajar del vehículo apretamos el paso con …

EXULANSIS

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Qué hastío llevas dentro, lector. Cuánta magia acorralada ahí. Exulansis, toda atrapada en tu interior por un miedo inconsciente que no conoces. ¿No va siendo hora de sacarla? Vamos a ello, para empezar tienes que conocer al carcelero. Igual te suena su cara porque está ahí durante un café hablando del partido de fútbol de ayer o del trabajo que vas a entregar mañana. No se lleva mal con la felicidad, conviven ambos en un silencio denso, pegajoso, que nos esclaviza la respiración al ritmo del qué dirán, del no soy suficiente… Y lo guardamos en la cartera con los 70 euros para ir a la consulta del psicólogo y contarle incoherencias que por incoherentes, duelen más. Porque al psicólogo no solo van los tristes. ¿Ya vas dibujando su rostro? Exulansis, seguimos. Este miedo no es el que se traduce en comeduras de tarro sobre el alquiler o la enfermedad de la madre que se calman con pastillas, sino de temas sobre los que renunciamos compartir porque la gente es incapaz de entender. Que hay una…